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Ciberlibrerías de lance
02/03/2010
La bibliofilia, como tantos otros coleccionismos, ha sufrido ciertos cambios con la expansión global de la red. Hoy Internet es una herramienta muy importante en el cultivo de esa afición.

Mas despejemos primero el tópico: la afición bibliófila parece que se haya de ceñir a la búsqueda por sótanos polvorientos de vetustos tomos casi imposibles de encontrar o a la trabajosa y cara adquisición de volúmenes escogidos en subastas y en las bibliotecas de otros coleccionistas.

Es una imagen novelesca, cultivada por escritores como Pérez-Reverte en su Club Dumas, si bien es cierto que tiene un correlato real. Así lo demuestran algunas colecciones privadas ya legendarias e inalcanzables, como la de Pierre Beres en Francia o la de Javier Gómez Navarro en España. Ellos forman parte de  un círculo de aficionados que gozan de la discreción, se baten el cobre en un mercado cada vez más angosto y exclusivo y, por lo común y dadas las cifras que se manejan en este terreno, se ven forzados a  especializarse en un campo libresco concreto: una época, un género, un tema e incluso un autor.

Pero fuera de ese reducidísimo coto de especialistas, existe una ya más común,  menos misteriosa y bastante más asequible bibliofilia, que consiste en el gusto por atesorar buenas bibliotecas de libro antiguo y de segunda mano, sin aspirar a tener en los estantes un Atlas Maior de Blaeu original, una Cosmographia de Ptolomeo o hasta esa rara primera edición autografiada del Ulysses de James Joyce por el que se pagaron 180.000 dólares.

Y en ese caso, quien atraído por algo que va más allá de la afición a la lectura, que en realidad tiene que ver con un fetichismo por el objeto, por el gusto de sostenerlo, olerlo, pasar sus páginas, apreciar su encuadernación y cubiertas y disfrutar del trabajo artesanal que supone la confección de todo buen libro, cuenta con bastantes modos de fortalecer ese afán y adiestrarse en sus pormenores. Pero cuidado, porque como confiesan muchos de quienes así lo hace, tiene su vertiente de vicio “bibliópata”.
Una buena herramienta para iniciarse, por ejemplo, es la web de Bibliofilia, una sólida página que, además de contener una concisa pero muy acertada explicación de los rasgos definitorios del libro antiguo, censa los principales recursos a la disposición de quienes han caído víctimas de su embrujo: servicios de tasación, listado de anticuarias de España y enlaces a otros productos desarrollados por Misèria & Cia, la encomiable librería y empresa que desde Alcoi ha sido el mascarón de proa de la actividad bibliófila hispánica. En su haber, por ejemplo, la publicación de la deliciosa revista Hibris, principal referencia de la disciplina o el pionero de los buscadores de libros, grabados y publicidad antigua, así como  la edición de facsímiles de obras completamente descatalogadas y muy complicadas de localizar.

Pero hoy, aunque pueda que sí sea el más selecto, no es ya el único portal que agrupa los catálogos de las principales librerías de viejo de España, América Latina o incluso parte del mundo entero. Por ejemplo, mediante Iberlibro –versión en castellano de Abebooks- realmente se puede localizar todo lo que éstas pongan a disposición del público. Es decir, no solo material de algún valor coleccionista, sino cualquier volumen nuevo, de ocasión o simplemente descatalogado que se pueda estar buscando y muy útilmente listados por precio. Eso no implica que no puedan hacerse búsquedas más especializadas. De hecho, ellos mismos seleccionan, en categorías como primeras ediciones o libros raros o firmados, algunas de las joyas que pueden adquirirse a través de la web. Los más cotillas incluso pueden curiosear la sección “Los 10 libros más caros”, que ofrecen anual y mensualmente: en el pasado febrero, sin ir más lejos, se llevó el gato al agua el vendedor de un Mundus Subterraneus de Athanasius Kircher, que facturó por él 7.140 €.
Una buena alternativa a Iberlibro, con costas de envío más bajas aunque de alcance más reducido y sin funcionalidades tan elaboradas es Uniliber. Y si uno maneja idiomas y busca libros en otras lenguas que las ibéricas, entonces se amplían mucho sus posibilidades, que van de la gigante Amazon a todas las tiendas online de librerías y editoriales.
No obstante, hay que respetar que cada afición tenga sus ritos. Y está claro que uno propio de la bibliofilia es acercarse en persona a husmear por entre las estanterías, palpar las páginas y dejarse “engatusar” por los chismes de ese gremio tan especial que es el de los libreros de lance. Pero eso ya no forma parte de esta miniguía, por más que también ellos se hayan adentrado en el aleph digital y tengan sus propias webs, ya sean particulares como las de catalanes, portugueses o madrileños o bien comunes como las de los agrupados en librerosdeviejo.com

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